Vivencias

La devoción a la Virgen siempre ha sido fundamental tanto en mi familia de origen como en la que yo formé con Manolo y mis tres hijos. En casa de mis padres y abuelos la Virgen ocupaba un lugar muy destacado, encima de sus camas había un cuadro de la Virgen y mi abuelo Pedro, que era labrador, llamó a su huerta “Nuestra Señora de las Angustias”. Con estos antecedentes siempre la Virgen ha sido una Madre la que siempre me encomendé, cuando tenía exámenes, había algún enfermo, algún problema o mis seres queridos fallecían, y esa misma devoción inculqué a mis hijos, los llevaba a rezarle a Ella, muchas veces ante la puerta cerrada, como la hacía mi madre conmigo.

Y es que la devoción a la Virgen de las Angustias la aprendí en mi casa desde que nací. Os voy a contar una anécdota que me contó mi madre. Mi abuela se llamaba Manuela y padecía del riñón. Mi madre visitaba a la Virgen casi a diario y me llevaba a mí. Uno de esos días fuimos las dos a la Virgen, yo tenía tres años. En un momento dado mi madre me oyó decir “Madre mía, cúrale el riñón a mamá Nela” (así llamaba a mi abuela). Mi madre se emocionó, pero a continuación dije “Madre mía, que le toque a María la lotería” (era la empleada de hogar). Mi madre se sorprendió y me preguntó por aquello y yo dije que María me había dicho que le pidiera a la Virgen que le tocara la lotería. Sin comentarios.

Siempre hemos ido a pedirle por nuestras necesidades, sabiendo que siempre nos escucha y atiende, y también a darle gracias por tantas cosas como siempre nos ha concedido. Para nosotros es y será siempre Nuestra Madre, la que más nos quiere y a quien más queremos. Gracias.

Carmen Muñoz Caraballo

 

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