El Retablo

Retablo

Retablo de la Basílica

Se trata de un retablo de jaspes para altar mayor que tiene camarín y en el que los artistas que lo realizaron volcaron todos sus conocimientos e imaginación, creando un complejo programa arquitectónico-iconográfico para enmarcar la imagen de la Virgen de las Angustias.

La obra se comenzó en 1728 por la devoción del arzobispo D. Francisco Perea y Porras, contando con su apoyo económico. El trazado y dirección fueron de Marcos Fernández Raya, participando también en el diseño José de Bada y Navajas. Se terminó en 1760, después de un largo proceso en el que no faltaron problemas de financiación, técnicos en cuanto a cimentación por su enorme peso y continuos desacuerdos entre la Hermandad y el Clero Parroquial. La terminación del retablo recayó en Blas Moreno, quien hará de madera el segundo cuerpo ya que este material resultaba más barato y menos pesado.

La estructura de este retablo, joya del barroco andaluz, es de dos cuerpos, el primero de grandes proporciones, separados por un entablamento y de tres calles enmarcadas por pilastras y estípites colosales con pedestales que descansan sobre el banco del altar, siendo las dos calles laterales más estrechas.

El primer cuerpo.

Primer cuerpo del retablo

Primer cuerpo del retablo

El primer cuerpo es el lugar simbólico en la arquitectura de retablos del espacio terreno, en el centro del cual está el tema principal de todo el programa iconográfico: las Angustias de la Virgen, manifestando su importante misión mediadora en la Tierra. La Sagrada Imagen aparece entronizada en su camarín y puede ser admirada a través de un monumental arco central abocinado cuyo intradós está decorado con medallones de la letanía lauretana. En las enjutas hay figuras recostadas y encima de la clave del arco está colocado uno de los escudos de la Hermandad: un Corazón atravesado por siete espadas, símbolo de los siete uno de los santos protectores de la ciudad y San Lorenzo, santo preferido de Felipe II, monarca que cedió los terrenos para construir la iglesia.

En este primer cuerpo también aparecen figuras secundarias que encuadran la imagen central de la Virgen, se trata de esculturas en mármol blanco de Pedro Tomás Valero situadas en el centro del entablamento la de San José y el Niño, muy venerados en la época barroca y en las calles laterales las de Sta. Úrsula y Sta. Susana, que eran las santas titulares de la primitiva ermita y las de San Nicolás de Barí, con gran maestría, combinando los colores naturales de los jaspes: blanco, rojo y negro que intensifican el aspecto pictórico y le aportan mayor dinamismo.

El entablamento que separa los dos cuerpos del retablo utiliza arquitrabe de bandas y friso de igual altura que el arquitrabe, seguido de una cornisa volada de entrantes y salientes que le da movimiento y acentúan el claroscuro.

El segundo cuerpo.

Parte superior del retablo

Grupo escultórico de Cristo mediador

El segundo cuerpo, lugar simbólico del espacio cielo, es mucho más pequeño, de madera, imita los jaspeados del cuerpo inferior, y tiene en las calles laterales escudos, ocupando el centro una especie de concha entre ángeles en repisas y sobre ella un grupo escultórico que representa el tema de Cristo Mediador o Intercesor.

Este grupo es complejo. En su parte superior aparece entre nubes Dios Padre junto a la paloma símbolo del Espíritu Santo y en la parte inferior de la escena, la figura de Cristo arrodillado y rodeado de los atributos de la Pasión, portados por ángeles, presentándolos al Padre e intercediendo por toda la Humanidad simbolizada en la bola del mundo que sostiene y muestra con una de sus manos.

Toda la obra en su parte más alta está coronada por el Escudo Real que así mismo es escudo de la Hermandad de Ntra. Señora, desde que Fernando VI la tomó bajo su protección y por Real Cédula de 26 de febrero de 1747 la declaró de Real Patronato, “…mandando que se le guardasen todos los privilegios y prerrogativas que gozaban las iglesias y fundaciones de su Real Patronato y que en todas las insignias que usase la Hermandad se pusiese el escudo de sus reales armas”.

El Retablo, un compendio de valores estéticos y religiosos.

El retablo de la Virgen de las Angustias es una joya de valores estéticos y religiosos, que sirve como referente de catequesis, ilustra sobre el gran Misterio de la Redención: Cristo Redentor y Mediador y su Madre y nuestra Madre la Virgen de las Angustias, Mediadora por Cristo y con Cristo, Coorredentora de la Humanidad, que sufrió en su corazón los mismos dolores que su Hijo sufrió en el cuerpo, pudiendo decirse que en la cumbre del Calvario también fue crucificada con El, y a la que acudimos todos los granadinos para invocar su mediación ante Dios.

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