La Coronación

Un largo deseo expresado por todas las capas sociales de Granada, desde el último cuarto del siglo XIX, se verá satisfecho en esa fecha. La ciudad, lo mismo que la había concebido a lo largo del tiempo, la había proclamado como su Patrona de hecho desde el siglo XVII, para conseguirlo oficialmente de la Santa Sede en 1889.

En ese camino de otorgarle los más altos galardones, a quien no los necesita por ser Reina de los Cielos, el consuelo de sus hijos granadinos no se sacia hasta mostrarle su principal ofrenda: su coronación canónica, concedida desde el Vaticano, la más alta instancia de la Iglesia.

Un año antes, en 1912, con motivo de la visita a la Santa Sede de los mayordomos de ese año, la idea de la coronación saltó a la prensa y pronto germinó en las más influyentes estratos de la sociedad granadina y en el corazón del pueblo. Granada y su Vega acuden generosamente con sus ofrendas de alhajas para fabricar la corona, encargada al orfebre Marabini. Este artesano consiguió una presea de inigualable belleza y singular personalidad, a la altura de tan exaltada devoción como la que a su Patrona profesaban los granadinos. En ella se emplearon más de 6.000 piedras preciosas y tiene grabada una inscripción en la que reza la donación de la misma por el pueblo de Granada.

Corona de Coronación

Corona de Coronación

El arzobispo, Mons. Meseguer y Costa, la asumió con entusiasmo, así como los mayordomos de la hermandad, que de forma inmediata se reunieron en una junta en el Palacio Arzobispal. Después de esto, pronto el entusiasmo se expandió por toda la ciudad y su prensa, incluso publicaciones como “La Cotorra”, de ideas anticlericales, no rechazó el proyecto. Varios diputados en Cortes piden que a la imagen le sea concedido el título y honores de Capitán General; se llenan los escaparates de las tiendas de objetos relacionados con la Patrona y se crean comisiones para iluminaciones y para los más diversos actos.

Pluma de oro

Pluma de oro con la que se firmó el decreto de coronación. Aún conserva la tinta seca.

El día 1 de marzo de 1913 se forma la comisión pro-coronación presidida por el Arzobispo de Granada. Poco después, el 30 de abril de 1913, la Sagrada Congregación emitió su informe favorable y el Santo Padre Pío X concedió su aprobación, firmada en Roma el 5 de mayo de ese año.

Una actividad febril a todos los niveles invadió Granada cuando se conoció el Breve Pontifico de aprobación. Los hoteles de la ciudad preparándose para el acontecimiento, los talleres de casi todas las actividades aumentaron sus encargos. Miles de personas se preveían que acudirían a Granada para presenciar la coronación. Los preparativos fructificaron profusamente durante el mes de septiembre.

Hubo misiones de adultos en las principales parroquias y el domingo anterior a la coronación, día 14 de septiembre, la hubo para niños, que finalizó con una procesión, que partió desde el Triunfo, y por Gran Vía, Reyes y Puerta Real llegó a la iglesia de la Patrona. Los niños, unos 20.000, portaban una imagen de la Virgen de las Angustias que se venera en las Capuchinas de San Antón. Iban cantando himnos de célebres músicos como el maestro Vila y el maestro Bretón, así como, cánticos populares.

Tras varios días en los que había llovido, la mañana del sábado de la Coronación, día 20 de septiembre de 1913, amaneció radiante de sol. La ciudad estaba a rebosar de forasteros de los pueblos y provincias limítrofes.

En el Embovedado se montó una gran tribuna, justamente en el sitio de entrada al aparcamiento subterráneo hoy existente. La gran plaza, desde Mesones a la Carrera, estaba a rebosar, al igual que los balcones de las casas y hasta en sus tejados había espectadores.

Altar de Coronación

Altar de Coronación

El ceremonial previo se comenzó en la iglesia de la Virgen con una misa de Pontifical oficiada por el Arzobispo y, a continuación, la Patrona fue trasladada por sus horquilleros, sin corona y en andas, en procesión clamorosa entre el pueblo granadino hasta la tribuna de la coronación, capaz para 500 personas. Una lápida conmemorativa de bronce se colocó en la fachada de la Basílica para perpetuar el hecho.

En representación del monarca Alfonso XIII acudió su tía, la popular Infanta Isabel “La Chata”, ataviada con mantilla blanca y se sentó en la tribuna, a los pies de la Virgen, y , junto a ella, las más altas autoridades de la provincia, así como varios Grandes de España y los obispos de Madrid, Murcia, Jaén y Guadix. El arzobispo de Granada, Doctor Meseguer y Costa, llevaba el riquísimo terno del siglo XVII del arzobispo Álvarez de Palma.

 Infanta Isabel “La Chata”

La Infanta Isabel “La Chata” en la Coronación.

A las 10.30 llegó la imagen de la Stma. Virgen, junto con la del Patrón de Granada, San Cecilio, también en andas. La corona era portada por los mayordomos y la posaron en una mesa puesta ante la Infanta. A continuación, el notario Sr. Fonseca leyó el acta de la coronación con el Breve Pontificio firmado por el Cardenal Rampolla, enumerando los cuatro motivos de la coronación: antigüedad de su culto, milagros, gran devoción en la ciudad y pueblos y amparo prodigado a la ciudad en las calamidades.

El arzobispo Meseguer y Costa bendijo la corona mientras el coro entonaba el “Oh Gloriosa Viginem”, jurando los mayordomos conservarla para el exclusivo uso de la imagen. El Prelado, con otros obispos, besó la mano del Cristo de su regazo y despojándose, como acto inesperado, de su riquísimo pectoral se lo impuso a la Santísima Virgen de las Angustias, así como, su anillo pastoral con una amatista, que colgó de uno de sus dedos de la Virgen.

Cruz Pectoral

Cruz Pectoral

Acto seguido, procedió a colocar la corona en las sienes de la imagen, mientras el coro cantaba “Regina Coeli” y, a su vez, un concejal rendía el Pendón de la ciudad. Atronadores cohetes, palmas reales, salvas de artillería, ensordecedores aplausos y vivas inundaron aquel gran espacio, mientras las campanas de todas las iglesias tocaban a rebato.

Altar de Coronación

Coronación de la Santísima Virgen de las Angustias.

Momento de la Coronación

Coronación de la Santísima Virgen de las Angustias.

El pueblo apiñado en las aceras comenzó a contemplar la magnificencia de la procesión que llevó a la Patrona coronada hasta la Catedral entre vivas, llantos y aplausos. La procesión fue por Mesones a Bibrambla, Zacatín, Gran Vía, Cárcel, donde los presos se apiñaban en las rejas y siguió hasta Plaza de la Trinidad, Mesones, Marqués de Gerona y Pasiegas. Entró en la Metropolitana, colocándose sus andas ante la Capilla Mayor. Aquel día la Virgen estrenó una media luna de plata y en el centro, un corazón donado por el Regimiento de América que la había tomado como Patrona.

Todo el día fue una fiesta para la ciudad. Se repartieron comidas a los pobres y 4.000 kilos de pan, dando la Infanta para ese fin 2.500 ptas. Muy animada estuvo también la ciudad por la noche, en la que lució iluminación en todas las cornisas de la catedral. En la tribuna de la coronación, en el Embovedado, ofreció aquella noche un concierto el Regimiento de Córdoba.

A pesar de que la gente trasnochó, el domingo día 21 por la mañana se ofició una misa de pontifical ante la imagen de la Virgen y la de San Cecilio, con la Catedral abarrotada con más de 10.000 personas. La infanta Isabel “La Chata” lo presidió, en nombre del Rey en el solio que requería su alcurnia y representación, instalado en la capilla mayor.

La música corrió a cargo de la Capilla de Música de la Santa Iglesia Catedral que tocó la “Misa de la Encarnación” del maestro Salguero, el “Tota Pulchra” del maestro Palacios y el “Ave María” de Gounod. Finalizó el acto con la bendición papal.

De todas formas, cierto ambiente de temor se había creado en la ciudad en los días previos a la coronación por parte de ciertos sectores radicales, que propagaron que se iban a poner bombas en el trayecto o en la tribuna, para restar asistencias, habiéndose amenazado con gritos en Puerta Real con esta posibilidad. No obstante, estas amenazas no hicieron mella en la población para acudir masivamente a esta esplendorosa fiesta de la Patrona.

La procesión gloriosa de vuelta se realizó dicho día por la tarde, luciendo la Virgen su maravillosa corona y el regreso a su templo lo hizo por Marqués de Gerona, Mesones, Plaza de la Trinidad, Duquesa y, al caer la tarde, ya estaba en la calle de San Juan de Dios, ante la Basílica del Santo de los Pobres, donde el paso se posó de cara a su Basílica, que lucía con todo su esplendor. Hacía 70 años que la Virgen no había pasado por allí. Es decir, desde 1843.

Siguió por la calle arriba, hasta el comienzo de la nueva Gran Vía en construcción. Era la primera vez que la Virgen pasaba por allí. Volvió a parar frente a la antigua parroquial de Santiago (Servicio Domestico), donde se había alzado un arco triunfal. También se paró ante la nueva iglesia del Sagrado Corazón, donde se incorporó a la procesión el obispo de Madrid, entonándose por la multitud allí congregada la “Salve Regina”.

Al llegar a Puerta Real un enjambre de cohetes y palmas reales cubrió de luz la noche de aquel día inolvidable para los granadinos, que aplaudían sin cesar a su Patrona Coronada. 200 banderas de las Asociaciones de la Adoración Nocturna hondeaban en aquella gran ágora granadina y por la Carrera de la Virgen, donde ésta llegó con toda solemnidad a hombros de sus mayordomos y entre el clamor devoto de la muchedumbre. En la puerta de su Basílica sus horquilleros la colocaron de cara a sus fieles devotos antes de entrar despacito en su templo, cubierta por su palio, entre un gran fragor de músicas, fuegos, vítores, lágrimas y aplausos. La Patrona Coronada, para siempre, estaba en su templo.

Los recuerdos de aquellos días estarían en los granadinos que los presenciaron hasta el final de su tiempo y nos perdura en el recuerdo narrado por ellos a los nietos y bisnietos que aun vivimos. Granada fue una de las primeras ciudades españolas que contó con su Patrona coronada canónicamente por rescripto Pontificio.

Antonio Padial Bailón.

 

Reina Coronada

Reina Coronada

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