“Fiesta grande” en la Basílica de las Angustias

Como es habitual cada segundo domingo de febrero celebra la Real Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de las Angustias de Granada solemne función religiosa en su “Fiesta Grande o de la Aparición”. Así se le denomina en sus actuales constituciones, convirtiéndose en la celebración más importante de la Hermandad a lo largo del año, excluidos, claro está, los cultos del mes de septiembre.

Los nuevos hermanos, en sus distintas ramas de horquilleros, palieros y hermanas cofrades, están llamados este día a recibir la medalla de la Hermandad, una vez culminado su etapa de aspirantes. Es, por tanto, la festividad de la Hermandad como tal. Y así lo fue a lo largo del tiempo, pues en sus primitivas constituciones, al mediar el siglo XVI, ya se contaba como principal con la función de la Transfixión de Nuestra Señora, en concreto el día 9 de febrero de cada año.

Aún más, para tal celebración se logró en 1638 por concesión papal de Urbano VIII un oficio litúrgico propio, señalado privilegio que pregona el caudal de devoción que ya atesoraba esta imagen. Consistía en solemnidad doble mayor, acompañada del oficio de siete horas canónicas, según el Breviario y Misal Granatense.

Se reforzó esta fiesta con la tradición de la prodigiosa aparición de la imagen. Feliciano de Ojeda, en su obra publicada en 1653, hace coincidir la llegada de la imagen a Granada precisamente con el día 9 de febrero. Como tradición oral se había mantenido el recuerdo de este singular acontecimiento hasta que un proceso judicial le dotó de oficialidad en 1633, unos ochenta años después de acaecido.

Los orígenes de la imagen de bulto de Nuestra Señora de las Angustias, como el de otras tantas imágenes, se pierden en la leyenda. Huelga decir que ésta aparece siempre que se la necesita. Y aquella incipiente cofradía, formada por labradores, lo necesitaba. Eran muchos los cambios acometidos, apenas diez o veinte años después de su fundación, con el decidido afán de impulsar la devoción a la Virgen de las Angustias (implantada en Granada de la mano de Isabel la Católica), incrementar el número de devotos y lograr que los cofrades asumieran tales cambios.

Ríos de tinta se han escrito sobre esta “aparición”. Entre las propuestas cronológicas dos adquieren mayor relevancia: 1557 y 1567. La primera se enmarca en la tesitura de un cambio de orientación: la cofradía adopta un carácter penitencial, con procesión de disciplina y sangre en la Semana Santa, para lo que requiere una imagen escultórica, y además alcanza algunas gracias espirituales concedidas a una hermandad homónima de Toledo. Se relaciona este logro con el viaje de un mercader y destacado cofrade de las Angustias de Granada, Pedro de Chaves, a la capital castellana. Toledo, por otra parte, era el arquetipo de identidad castellana, del esplendor visigótico y de continuidad de la fe cristiana.

La segunda fecha se relaciona con la concesión de Felipe II de unos terrenos a favor de la Hermandad, con destino a iglesia y hospital, lo que permitía la deseada ampliación de su ermita. En el altar mayor de ésta, la nueva imagen de talla estaba llamada a sustituir nada menos que a la emblemática pintura hispano-flamenca dejada por la Reina Católica. Además por entonces la tensión morisca alcanzaba su máximo, tras las duras medidas regias dictadas contra las costumbres de esta comunidad en medio de un ambiente marcadamente tridentino.

Con independencia de los detalles de la aparición, con ligeras variantes en las distintas versiones que se han conservado (especialmente las del siglo XVIII), esta “milagrosa” venida –que se desdibuja en la nebulosa de los cuatro siglos y medio transcurridos- con toda seguridad disipó incertidumbres en el seno de la Hermandad y contribuyó a impulsar una devoción cuyo ascenso ya sería imparable. Cumplió, por tanto, su papel histórico.

Una versión abreviada de la tradición figura al pie del cuadro pintado por José Suárez Peregrín en 1928 para la sacristía. Reza así: “Según una autorizada y constante tradición oral y escrita, la Imagen de Nuestra Señora de las Angustias fue traída a Granada por dos desconocidos que dijeron ser hermanos de una Cofradía de Toledo. La opinión común los ha considerado como ángeles, o Santos Protectores de la ciudad (San Cecilio y San Pedro Mártir). Estos desaparecen después y al entregar la Imagen dicen estas palabras proféticas: Es una Imagen tan devota y tan milagrosa que será el amparo de la ciudad. Tuvo lugar esta aparición, mediado ya el siglo XVI al caer de una tarde del mes de febrero”.

Hace noventa años, a instancias del P. Hitos, autor de las célebres “Páginas Históricas de Nuestra Señora de las Angustias”, el cuerpo de caballeros horquilleros recuperó esta función del mes de febrero, devolviéndole todo su esplendor. Hoy es la “Fiesta Grande” de toda la Hermandad.

Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz

 

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