La Virgen llega hasta nuestras huertas

Hasta donde haga falta. La Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de las Angustias siempre ha estado dispuesta a llegar, cuando le era solicitado por las autoridades, hasta los rincones donde se estimaba necesaria su presencia. Los campos de nuestro entorno no fueron una excepción.

Hubo un tiempo en que las campanas de las Angustias prolongaban su sonido de bronce hasta las tierras de labor, marcando las horas de la jornada de trabajo. La ciudad tenía entonces otras dimensiones. Pero la Hermandad ha sido siempre fiel a los orígenes labriegos de sus hermanos fundadores. La Vega, regada por el agua que pasa a los pies de la Señora (desde el Darro hasta el Genil), ha estado presente en esta devoción nacida desde abajo y todavía hoy esa vocación se conserva de manera especial en nuestros Hermanos Palieros.

En 1709 la Virgen de las Angustias fue llevada nada menos que a la ermita de San Antón el Viejo (en el cerro de los Rebites, actual urbanización El Serrallo), propiciando una copiosa lluvia que terminó con una terrible plaga de langosta. En 1750 salió, a causa de la sequía, a la Alameda del Genil. Y en 1757, de nuevo presente una temible plaga, precedida del Cristo de San Agustín, la Virgen de las Angustias fue llevada al Humilladero, y de allí, por iniciativa del Ayuntamiento de Granada, otra vez a San Antón el Viejo. Sánchez Sarabia atestigua que la langosta no causó daño en las verduras y hortalizas, aunque sí en los hierbazales, “sin tocar en las huertas y sembrados, lo que es constante, público y notorio”.

Más recientemente, en la sequía que asoló nuestros campos y pastos en 1925, la Virgen de las Angustias el 16 de mayo de ese año se encaminó por el Paseo del Salón en una tarde calurosa, “iba la Virgen con su traje diario, como está en el camarín, sin música ni cohetes, sólo se dejaba oír el cántico de la Letanía de los Santos, pausado y de súplica, resonando en medio del silencio de la multitud”, nos informa el P. Hitos. Llegada a la feligresía de Nuestra Señora de Monserrat (barrio de Cervantes), la Imagen de María, precedida de San Miguel, se volvió cara a los campos, entre las lágrimas de los asistentes, aquéllos que veían destruido su medio de vida. Con el mismo silencio, en rogativa y penitencia, volvieron a su templo. En la tarde del día 17, domingo, llegó la esperada lluvia, que no se veía desde finales de febrero. Llovió algunos días de mayo y bastante más en junio, para tranquilidad de aquellos pastores y campesinos, y de la ciudad entera.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz

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