Silencio y Luz: Viaje de la Hermandad tras las huellas de José y María

La Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de las Angustias ha organizado un viaje por tierras castellanas durante los días 29 de octubre al 1 de noviembre, centrado principalmente en la visita a destacadas muestras artísticas centradas en las figuras de San José (en Medina de Rioseco) y de la Virgen María, en este caso en el ciclo de las Edades del Hombre (en Sahagún y en Burgos).

La primera jornada nos llevó hasta la localidad vallisoletana de Medina de Rioseco y nos permitió apreciar la importancia histórica y paisajística de la Tierra de Campos. En Medina, el Museo de San Francisco ha sido la sede de la exposición titulada “El silencio del carpintero”, que ha reunido varias decenas de piezas, muy interesantes y algunas de especial valor artístico e iconográfico, rescatadas de distintos templos de la localidad, entre ellos conventos de clausura. Visita obligada en esta recta final del Año de San José declarado por el Papa Francisco. El propio museo, con la iglesia funeraria de los Enríquez, almirantes de Castilla, y un paseo por sus calles completaron la visita a esta localidad. El día concluyó en Palencia, donde pudimos disfrutar de sus paseos y sus bares.

El segundo día se centró en el Camino de Santiago francés a su paso por la comunidad de Castilla y León, que es el eje vertebrador de la vigésimo quinta edición de las Edades del Hombre, bajo el lema “Lux” referido especialmente a la Virgen María, en este Año Xacobeo. El viaje contemplaba la visita de dos de las localidades sede de esta muestra: Sahagún (León) y Burgos.

Pero antes de llegar a Sahagún, nos detuvimos en la localidad leonesa de Grajal de Campos para visitar la coqueta y moderna bodega Pincerna, de la mano de su enólogo, que nos hizo una amena explicación antes de degustar los vinos que produce, de la denominación de origen Tierra de León. Tras esta escala, Sahagún nos ofreció dos interesantes sedes de las Edades del Hombre, con su característico estilo románico mudéjar (mudéjar del ladrillo): el Santuario de la Virgen Peregrina, con la sección de la exposición dedicada a “Mater Misericordiae”, y la iglesia de San Tirso, con la sección “Salve Regina”. El almuerzo nos brindó lo mejor de la gastronomía de esta tierra.

A última hora de la tarde, Burgos nos recibió, como peregrinos, en su espectacular Museo de la Evolución Humana, con su aire de modernidad y su rigor científico, contemplando las piezas originales del yacimiento de Atapuerca (Burgos) en medio de una interesante explicación.

La tercera jornada, la del domingo, nos deparó por completo la visita a la capital burgalesa, que luce espléndida en este VIII Centenario de la colocación de la primera piedra de su célebre catedral gótica. Recorrimos en las dependencias catedralicias las distintas secciones allí ubicadas de las Edades del Hombre, dando sentido a las catedrales, su construcción y mecenazgo (“Episcopalis Sedis”, “La casa de la luz eterna” y “Servi Dei”), así como la expresión artística de la Iglesia peregrina (“Ecclesia Militans”), la Iglesia purgante (Dolens Ecclesia”) y la triunfante (“Triumphans Ecclesia”), con especial detenimiento en las representaciones de la Viren María (“Maiestatis Domini, Maiestatis Mariae”). Una muestra, desde luego, espectacular que, en esta edición, albergaba no sólo obras de arte castellano-leonesas, sino también procedentes del resto de regiones de España.

Magnífica fue también la visita a la Catedral, que luce restaurada, destacando entre otros ámbitos el retablo mayor, la escalera dorada y la capilla funeraria de los Velasco (condestables de Castilla). Ese día pudimos degustar el lechazo, en un almuerzo de excepcional calidad. Se completó la jornada con la visita a la Cartuja de Miraflores, en donde se encuentra la tumba de los padres de la reina Isabel la Católica, así como un itinerario en autocar y a pie por la ciudad de Burgos.

Ya de regreso a Granada, el día 1 de noviembre, hicimos parada en la localidad burgalesa de Lerma, célebre por el palacio que recuerda la gloria del valido de Felipe III, el duque de Lerma, y para almorzar llegamos hasta La Guardia (Toledo).

En fin, un viaje inolvidable, que nos permitió cuatro jornadas de convivencia, así como un extraordinario programa cultural y gastronómico para ser compartido por los 27 participantes, muchos de ellos miembros de nuestra Hermandad. Y todo gracias a la profesionalidad y buen hacer de Singular Travel, lo que agradecemos vivamente a su responsable, Antonio Samaniego, que en todo momento de desvivió por todos.

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